Cascada

Paola Ramírez

7/25/20261 min read

México.

  • Procedencia: Archivo familiar.

Era verano. Uno de esos veranos donde hay tormentas que desvalijan cerros, donde hay soles que te queman la piel y la retina se te cuece si te esfuerzas por enmarcarlos. Verano que puede ser otoño y que puede ser otra cosa intermedia, menos verano. A José le gustaban esas estaciones que hacen poner más atención al camino. Era, si se le puede nombrar de una manera, la única condición que ponía para salir de casa un día de descanso: no saber lo que le esperaba. Era la única ocasión en la que se permitía no tener todo en regla o por demás preparado. Eran los días donde tomaba su boina, se aflojaba la corbata y se echaba una mochila al hombro buscando un buen lugar para tumbarse sobre el pasto. Eso le podía tomar una hora, dos, tres fines de semana. Caminaba hasta que necesitaba una tercera pierna hecha rama, un bastón itinerante. Caminaba hasta que se convertía un punto en el horizonte, una mancha dactilar. Caminaba sin buscar nada hasta que caminó para encontrar algo. Un rugir de aguas lejano, una cascada que parecía puesta por primera vez en el paisaje ante sus ojos. Un lugar, como él le llamaba para volver.